viernes, 24 de junio de 2011

Un (viejo) mal día.

Día del orto, como pocos

Yo no soy una persona a la que le suela salir todo bien de entrada, ni tampoco me destaco por tener buena suerte, de hecho, me pasa todo lo contrario. Pero un día como hoy.. POCOS!

Realmente nos meó un dinosaurio y por, suerte, pudimos esquivar el sorete u.u.

Ya, de entrada, me levanté a las 4, 4 30 hs porque tenía sed (¡qué oportuna!) y nunca más me pude volver a dormir. Aproveché y ordené un poco (será por eso que llovió), al pedo porque ahora está todo exactamente igual que antes. Pero bueno, me comporté como una niña aplicada pero parece que nadie lo tuvo en cuenta o no quisieron hacerme una buena retribución.

A las 14.45 hs emprendí viaje para la facultad (a 15 cuadras de mi casa). Como parecía que estaba dejando de llover, opté por ir caminando. De todas formas, fui precavida y llevé el paraguas. En el camino me di cuenta que no hay invento más pelotudo que un PARAGUAS.. PAR- AGUA.. PARA AGUA.. PARA EL AGUA. Decime para qué sirve si al final, con el viento, te re cagás mojando. El paraguas la única parte del cuerpo que te resguarda de la lluvia es la cabeza.. pero para eso ponete un sombrero. A lo sumo te “acompaña” hasta el taxi pero, en realidad, no sirve ni pa’ mierda.

En fin, llegué a la facultad con unas gotas en la remera, los brazos medio mojados y, de la cintura para abajo, totalmente empapada. Ahí me encontré con unas amigas. Ellas se anotaron en las respectivas materias y, una vez terminados los trámites, partimos hacia la facultad de Drago (en la loma del pirulo a la vuelta).

Ya en el colectivo conocimos a un hombre muy copado que nos ayudó a ubicarnos con las calles porque estábamos medio perdidas. Llegado el momento, le dimos las gracias al señor y nos bajamos del colectivo. Caminamos un par de cuadras, cruzamos las vías yyy.. llegamos a Drago :). Re felices nosotras que pensamos que solamente tendríamos que llenar un formulario y pagar no sé qué cosa. Pero NO. Es acá donde empieza el peor día del mes..

Le preguntamos a la chica de tesorería dónde estaba la fotocopiadora y nos sorprendió enterarnos que estaba cerrada. Le consultamos a la chica del departamento de alumnos dónde podíamos conseguir los apuntes para estudiar a lo que respondió: “Tenés que ir a Ciudad Universitaria a buscar el programa y después te vas al centro, a la fotocopiadora de la FUBA y sacás las fotocopias que necesitás”. Una de mis amigas ya se había empezado a poner nerviosa y le hizo un comentario que no le agradó mucho a la mujer detrás del mostrador.

En fin. Salimos de ahí re calientes. ¿Cómo puede ser que la UBA sea tan rebuscada? ( digo “la UBA” como si fuese una persona. Pero les aseguro que cada institución tiene vida propia. Vos entrás a cualquier sede de la UBA y no sabés lo que te puede pasar).

Por dos segundos Dios iluminó mi cerebrito (sólo eso nos alumbró hoy) y se me acurrió llamar a una amiga que también tenía que rendir y pedirle sus fotocopias para sacar otros tres juegos más. Llamada va, mensajito viene, mi amiga nos dio el si y fuimos a buscar la parada del colectivo. Después de caminar varias cuadras, vernos las caras de desorientación y pedir un par de indicaciones a la gente, llegamos a la vendita parada. Estábamos cansadísimas de caminar (a esta altura ya eran las 18 hs. ¡Habíamos pasado 3 horas deambulando por la calle y sin rumbo! (?)).

Ni bien bajamos del colectivo nos empezamos a mojar. Para el momento en que llegamos a la casa de mi amiga, ya estábamos las tres re mojadas. Mi amiga baja y nos acompaña a buscar una fotocopiadora (misión imposible). Después de un par de vueltas debajo de la lluvia y teniendo que soportar los gritos de Ceci (la chica que tenía los apuntes) y los de los tipos que pasaban, llegamos a una fotocopiadora. Está es la mejor parte: $41, 20 cuando a mi amiga le habían salido $22 en la UBA! Esperamos a que estuvieran listos los tres putos juegos y acompañamos a Ceci a la casa (dicho está de paso, Giu casi se lleva un paraguas equivocado y el dueños de chico artefacto salió desesperado a decirle que era suyo).

Para cuando emprendí el viaje de regreso mis pies ya eran dos charcos de agua.

¡Odio la lluvia cuando estoy debajo de ella, con medias y jeans ¬¬!

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